¡Estudiantes! ¡Profesores!
¡Amigos todos del Feijoo! Inauguramos sección. A estas alturas de la partida
sabréis ya casi todos, o quizá no, que andamos de aniversario. Se cumplen este
2016 cuatrocientos años -¡se dice pronto!- de la muerte de nuestro autor más
ilustre, Miguel de Cervantes. Y como no queremos que nos pase como al
Ministerio de Cultura, al que le han sacado los colores por no organizar
actividades bastantes para celebrarlo, nuestra capitana Pilar lleva ya algún
tiempo maquinando alguna que otra idea. Algunas pasan por decorar nuestras
paredes con motivos de los más quijotescos, otras por una exposición temática y,
la que aquí os traemos hoy, por traer a este blog fotos de vuestros Quijotes.
Sabemos que muchos de vosotros
tenéis en casa un ejemplar de nuestra novela más universal y nos gustaría que
nos mandarais una foto, sola o, si os apetece, acompañada de unas líneas sobre
vuestra experiencia con las aventuras del genial hidalgo al que “de tanto leer
y el poco dormir, resecósele el cerebro”.
Como el movimiento se demuestra
andando, aquí os traigo las mías. Aquí podéis ver mi primer Quijote, que mi padre me regaló cuando
tenía unos diez años. Es una versión en cómic con guion de Carlos Soria y
magníficas ilustraciones de Chiqui de la Fuente. En sus dos tomos se pueden
encontrar los episodios más célebres y, pese a la brevedad, engancha y emociona
casi tanto como el original; de hecho, quien desde aquí os escribe lloró como
una magdalena al llegar a su final.
Más voluminoso es mi otro Quijote, como bien podéis apreciar en la
fotografía. Se trata de la edición de Rodríguez Marín, que mi abuela me dejó en
herencia y que leí a los 18 años durante una gripe eterna de un mes de
diciembre cada vez más lejano...
Por cierto, soy la de casi
siempre, Cecilia, profesora de Latín y Griego para noctámbulos.
Y ahora contadnos vosotros,
¿cómo son vuestros Quijotes? ¿Cuándo y
cómo lo leísteis?
¡Estudiantes! ¡Profesores! ¡Amigos todos del Feijoo! Se celebró la pasada semana el muy amoroso día de San Valentín y, si os pasasteis por la biblioteca el viernes a la hora del recreo, veríais cómo un nutrido grupo de compañeros se unieron a la fiesta y, echándole valor y desprendiéndose de complejos, compartieron con todos nosotros poemas de amor en latín, castellano, asturiano y -oh là là!- francés. Quien desde aquí os escribe no quiso perderse la ocasión -no en vano se abrió el acto con Ovidio y sonaron también los versos de Catulo- y acudió provista de cámara. Aquí os dejo el reportaje para aquellos que os lo perdisteis o por si andáis necesitados de una buena dosis de la mejor poesía. ¡Que lo disfrutéis!
¡Estudiantes! ¡Profesores! ¡Amigos todos del Feijoo! Parece que, tras
unos inicios un tanto dubitativos, vamos cogiendo carrerilla, gracias, sobre
todo, al turno de noche. Nos escribe hoy Mª Luz, inquieta y voluntariosa como
es ella, con una magnífica reseña de Un
mundo feliz de Huxley, una distopía escrita en los años ’30 del pasado
siglo XX que, como el régimen de 1984
de Orwell, parece haberse hecho realidad. Desde aquí, por supuesto, os animamos
a aceptar la invitación de leer a Huxley y a Mª Luz le damos las gracias y la
invitamos a volver por aquí siempre que quiera. Gratias plurimas! / ευχαριστώπολύ!
Hace unos días, Cecilia, nuestra profesora de lenguas clásicas, me habló
de este rincón literario y me animó a participar en él.
Hoy os quiero comentar una novela que leí hace años y he vuelto a releer
hace poco: Un mundo feliz de Aldous
Huxley.
Huxley nos presenta una sociedad futura,muy desarrollada tecnológicamente,que utiliza todos los medios posibles para condicionar
y controlar a las personas para conseguir una estabilidad social o “un mundo feliz”. Los niños no nacen, se
hacen, y están genéticamente manipulados para pertenecer a una de las cinco
categorías de la población: Alfa (la
élite, los más inteligentes), Beta, Gamma, Delta y Épsilon (las
castas inferiores, menos desarrolladas física e intelectualmente). Eneste “mundo feliz” no se plantea ni siquiera la rebelión, porque
el lavado de cerebro que tienen los habitantes hace que simplemente no sea
deseable. Sus habitantes no conocen otra manera de ser felices que hacer,
precisamente, lo que han nacido para hacer. Tienen todas las comodidades que
pueden desear y, si esto no fuera suficiente, tienen lasdrogas de diseñopara alterar su visión de la vida
y olvidar y modificar sus emocionesnegativas, que
inoportunamente aparecen de vez en cuando.Unmundo feliz describe,
en fin, lo que sería una dictadura perfecta: una democracia aparente, donde la
población estaría en un estado de esclavitud del que, gracias al sistema de
consumo y entretenimiento, ni se enterarían; incluso estarían felices en su
cárcel sin muros.
Es una novela que no deja indiferente a nadie. Creo que, si os animáis a
leerla, os va a gustar. Es de ciencia ficción y, sobre todo, invita a pensar,
porque, si hace años, cuando la leí por primera vez, pensé que todo lo que nos
relataba la novela podría suceder, ahora ya me reafirmo en que sí, podríamos
estar en vías de que suceda. Incluso algunas cosas están ya entre nosotros,
como el sistema de consumo y entretenimiento, y una especie de esclavitud a
trabajos que no nos hacen felices pero en los que hay que seguir para pagar una
o varias hipotecas.
Os la recomiendo totalmente, porque, a pesar de la época en que fue
escrito (1932), se puede leer muy bien hoy y el autor supo describirnos muy
bien una futura sociedad. No es muy largo y se lee fácilmente.
María Luz Ferreira Fernández(2º Bloque de Bachillerato Nocturno)
Ayer os dejaba por aquí mi reseña particular del documental Grecia:
reinventarse para sobrevivir, y hoy es Amalia, nuestra noctámbula jefa de
estudios y profesora de Filosofía, quien nos envía su crítica, tan entusiasta
como la mía pero más atenta a una significativa ausencia: ¿qué pasa con las
mujeres? Desde aquí, por supuesto, os invitamos a leer a Amalia y a dejarnos
también, por supuesto, vuestras propias críticas o comentarios.
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“Grecia reinventarse para sobrevivir”
(Ateneo de la Calzada, 27-1-2016)
La oportunidad que nos ofreció la proyección del documental “Grecia
reinventarse para sobrevivir”, de Elena Zervopoulou, en condiciones óptimas de
espacio, cerca de nuestro Instituto, y tiempo, en nuestro horario de Nocturno,
nos animó a ir para allá a unas cuantas profesoras en grata compañía del
alumnado de primero y segundo bloques. ¡Ah!, también de Carmen Fuertes, la
exprofesora del Feijoo. A las facilidades anteriormente señaladas se añadía, y
en realidad era lo más importante, el asunto tratado: maneras de vivir durante
una crisis, en este caso la griega, que, de un modo más general, podemos
reformular: ¿qué hacer cuando todo, o casi todo, me va mal? Así, por un rato
cambiamos el escenario del aula por la sala de proyección del Ateneo de la Calzada. Vaya mi
gratitud para quien o quienes fueron responsables de que tal documental llegase
al Ateneo vecino.
Tres
protagonistas, los tres varones, se reinventan para sobrevivir. Tres varones a
quienes podríamos calificar de verdaderamente emprendedores, pues, de no ser
así, acabarían en la destrucción personal, cuyos extremos son la locura y el
suicidio, a veces juntos, pero nunca a la vez, por razones obvias. Giorgios es
el más intelectual, el más viejo, el más solo; no es un joven con familia como
Grigoris, familia con la que se va al campo a vivir de la agricultura; es
también el más débil físicamente, no como Ilias que mueve toneladas de patatas
burlando a intermediarios como la alemana Lidl para que quienes producen y
quienes comen tengan lo necesario: clientes para vender a un precio razonable y
precios razonables para poder comer.
Giorgios es el último de la escala de desgracias respecto a los otros
dos; en el banco callejero que sustituye a su casa necesita pronunciar, pensar
–dice-“nosotros”, porque el “yo” aislado no tiene eje; casi quiere no existir,
pero existe, porque los otros lo miran, y tiene que pensarse nada menos que
desde la indigencia: él, que se había dedicado a la música, a los medios de
comunicación, con trabajos en radio, universidad, ministerios… se ve durmiendo
en calle. No parece tener a nadie cerca en esta situación, tiene que encontrar
todo y lo primero que encuentra es otra gente. Así parece salir adelante. Dice
“necesito pensar, no sentir”.
En esta escala de desastres producidos por la crisis, incluso en los
desastres, falta la mitad de la humanidad…griega en este caso. Ya sorprende que
los tres protagonistas sean varones, pero si esperábamos que las mujeres
apareciesen como personajes secundarios, hablados, tratados…, pues tampoco. La
directora del documental no parece ni acordarse de tal asunto. Así que espero a
que alguien haga la mitad que le falta a este documental para volver a
disfrutar de relatos de nuestra vecina y madre Grecia a quien tanto debemos…
Amalia (profesora de Filosofía del Bachillerato Nocturno)
Se dice habitualmente que los
clásicos conmueven porque tratan de verdades universales, tan válidas para
nosotros como para los hombres que habitaron el mundo hace más de dos mil años.
Puede ser. Lo cierto es, sin embargo, que si tales verdades nos sacuden es
porque nos reconocemos en aquellos que los genios griegos eligieron para transmitirlas.
La tragedia de Antígona conmueve no
porque, al leerla, reconozcamos que hay una ley superior a la de los hombres -llamémosla
divina o natural, según cada cual-, sino porque todos queremos creer que
desobedeceríamos el edicto de Creonte para enterrar a nuestro hermano. ¡Ay, la
empatía! Otro día hablaremos de la Antígona
de Sófocles, uno de los más perfectos ejemplos de tragedia griega. Centrémonos,
de momento, en el hecho de que la mejor manera de llegar a las verdades
universales es a través de los casos particulares.
Así parece haberlo entendido
también Elena Zervopoulou, la directora de Grecia:
reinventarse para sobrevivir (2014), a cuya proyección en el Ateneo de la
Calzada asistieron hoy nuestros alumnos de primer y segundo bloque de
Bachillerato Nocturno, en compañía de Amalia, Begoña y una servidora, Cecilia.
Me gustaría adjuntar aquí una fotografía de grupo pero nuestros noctámbulos han
resultado ser tímidos y poco dados a retratarse.
En dicho documental Zervopoulou
selecciona el caso particular de tres individuos, Ilias, Grigoris y Georgios,
para defender una tesis de lo más alentadora ante el terrible panorama de la
recesión griega. El gobierno puede haber hecho dejación absoluta de sus
funciones o, aun peor, convertido al pueblo en enemigo. La imagen de los
antidisturbios gaseando a los manifestantes en la plaza de Syntagma o el dato
de que las pensiones -¡contributivas!- se han reducido a 300 euros son buena
muestra de ello. La situación es, pues, insostenible pero el cambio es posible.
Este cambio no vendrá de arriba, sino de la gente y la gente, como le señala el
incansable activista Ilias al anciano que se queja en la calle, somos nosotros.
Somos nosotros como individuos quienes debemos hacer todo lo que esté en
nuestra mano para enfrentarnos a las todopoderosas fuerzas del capitalismo,
igual que Antígona se enfrentó al tirano Creonte o Edipo al mismísimo Destino.
Ilias es probablemente el
ejemplo más evidente y probatorio de la posibilidad del cambio. Vemos cómo se
implica en el llamado “movimiento de la patata”, que busca la eliminación de
intermediarios en la distribución de productos básicos. El consumidor consigue
un precio más justo y el productor logra que se le pague al contado y en el
acto. Todas las partes han de hacer un esfuerzo, eso sí, el productor
estableciendo un precio atractivo para el consumidor y este último comprando a
los pequeños agricultores, aunque no siempre tengan el mejor precio. Solo así
las grandes superficies se verán obligadas a bajar sus precios para no perder
mercado.
También Grigoris insiste en
manejar su propio destino. Al principio de la cinta lo vemos abandonando Atenas
de vuelta a su pueblo de origen y a la granja de su padre, que libera su
frustración prometiendo a los políticos castigos homéricos. Prefiere ser un
campesino pobre en el campo que “un pirado en Atenas”, dice Grigoris, aunque
trabaje de sol a sol y no obtenga más que una miseria por sus tomates.
Probablemente es el caso de
Giorgios el que más nos conmueve. Músico de formación, locutor de radio de
profesión, la crisis del 2008 lo dejó en la calle, esclavo de un único impulso:
la supervivencia. Supo alejarse, eso sí, de la inerte seguridad del albergue
para reconstruir su vida. Y lo hace recuperando, para empezar, su Humanidad,
sintiéndose útil. Al final del recorrido lo vemos de nuevo en la radio, tocando
y riendo y anunciando un proyecto solidario.
Dijimos al comenzar que, pese a
todo, era este un documental optimista y se agradece, ciertamente, el tono, en
un momento en que todo parecen ser sombras. No debiéramos olvidar, sin embargo,
que si Ilias, Grigoris y Giorgios consiguen salir adelante, mejor o peor, ello
es porque dieron un paso al frente o, mejor, a un lado, y se salieron del
camino aparentemente establecido para ellos. En fin, es todo.
Se nota, creo, que lo he disfrutado.
Y a vosotros, ¿qué os ha parecido?
Caecilia (profesora de Latín y Griego del Bachillerato Nocturno)
¡Estudiantes! ¡Profesores! ¡Amigos todos del IES Padre
Feijoo! Estamos de vuelta. Desde la tranquilidad de la noche y animada por
Amalia, su profesora de Filosofía, nos escribe Isidra Victoria, Toya para los
amigos, acerca de María Zambrano. Con el entusiasmo que la caracteriza, nos
envía un comentario acerca del capítulo que Joaquín Calomarde le dedica a esta
pensadora en la obra de Rosa María Rodríguez Magda, Mujeres en la
Historia del Pensamiento, Anthropos (Barcelona, 1997). En
este título, según nos cuenta Toya, se nos ofrece un panorama de varias
filósofas a través de los ojos de intelectuales de nuestro siglo. El objetivo
es llenar el vacío de conocimiento que existe sobre las aportaciones que estas
grandes pensadoras hicieron, pese a los obstáculos que encontraron en su
camino.
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María Zambrano, que para algunos es tan solo el nombre
de una de las calles cercanas a nuestro instituto, fue una filósofa y ensayista
del siglo XX. Pasó buena parte de su vida en el exilio y solo fue reconocida
tardíamente y, aun así, no de forma mayoritaria. Según Calomarde, es difícil
calificar la obra de María Zambrano, en la que se encuentran influencias de
autores tan diversos como los clásicos griegos, Cervantes o pensadores
contemporáneos como Ortega y Gasset, de quien, por cierto, fue colega. En su
obra filosófica el vivir es ver pasar la vida y contemplarla “desde nuestra
prisión”, el lenguaje.
Dos son las grandes cuestiones de su obra, la creación
de la persona y la razón poética. Esta última se relaciona con el arte de la
memoria “pues si lo que queremos aprehender es el
transcurrir de la vida hemos de recordar que en ella no hay situaciones
repetibles”.
En cuanto
al hombre, el yo, está dotado de una sustancia, un ser interior, que la
pensadora identifica con los sentimientos, las ideas más profundas, lo sagrado
del yo de la conciencia. Este ser interior es innato, existe desde el día de
nuestro nacimiento, aunque solo con el paso del tiempo se vaya creando
conciencia de él. A través de estas sustancias se debe buscar la unidad como
persona.
Sus proyectos filosóficosson muchos y variados: la vida, larazón, la muerte, la existencia.
La existencia no es la condición de la
vida, sino el resultado biográfico e histórico de la circunstancia que es
vivir. La muerte, a su vez, es el origen de todo pensar. No es la conclusión de
la vida, sino “lo otro” de lo vivo. No es la culminación de un proceso.
En su obra hay, pues, una búsqueda
constante de la“existencia originaria”
por la escritura literaria o filosófica hoy desaparecidas. Su filosofía no ha
sido entendida por los estudiosos tradicionalistas. Aunque, sí la hubiesen
entendido, según Calonge, Teresa de Jesús, Valle-Inclán o Vicente Aleixandre.
Isidra Victoria
Rodríguez, Primer Bloque del Bachillerato Nocturno